En primer lugar, un cordial saludo a todos y
¡BIENVENIDOS!
Tengo el honor de presentaros a D. Francisco,
nuestro nuevo párroco, quien, me consta, va a colaborar, muy activamente en el
fortalecimiento espiritual, cultural y económico, porque todo es necesario, de
este pueblo y, por extensión, de sus gentes.
No me cabe duda de que todos sentimos satisfacción y
alegría por reencontrarnos, por lo menos, un año más, con nuestras raíces, no
importa que éstas hayan sido humildes, y muy especialmente, en esta festividad
de los santos mártires Cosme y Damián, que tan entrañable fue para nuestros
antepasados, y que, a Dios gracias, sigue siendo para todos nosotros.
Esta festividad siempre hizo y hace soñar a los
nacidos en este pueblo de Monasterio de la Sierra y creo que también a los que
se han venido agregando a esta comunidad por motivos familiares, afectivos y de
amistad. La festividad, en sí, es el punto de encuentro cumbre de todos
nuestros nobles sentimientos: amor a nuestra tierra; amor a nuestros antepasados,
que nos dieron la vida, y es hermoso recordarlos; amor a nuestras tradiciones,
siendo ésta de la Fiesta Mayor, la más
importante de todas ellas por su religiosidad; fe sincera y permanente en la
intercesión de nuestros bien amados Mártires en la solución de nuestros
problemas, sobretodo si se refieren a nuestra salud, haciéndoles confidentes,
también, de nuestros anhelos e inquietudes del día a día de nuestras vidas; y
su sano, alegre y fraternal divertimento, inevitablemente unido y complementario
al religioso, en toda festividad que se precie de serlo.
Por razones de cada uno de nosotros conocidas, la
mayor parte de la comunidad que, en su día, vivía de la agricultura,
aprovechamientos forestales y de la ganadería, tal como ha venido sucediendo en
el devenir de los tiempos, optó por emigrar en busca de trabajo, de nuevas perspectivas, de nuevas vivencias;
llevándose consigo los nobles sentimientos a que he hecho referencia
anteriormente y que han hecho posible ese ir y venir a la tierra de sus orígenes.
Estos nobles sentimientos se han plasmado en obras,
“obras son amores y no buenas razones”, como reza el proverbio. Sobre este particular y estos sentimientos
leo, a continuación, una nota de agradecimiento y recuerdo, que recibí en su
día, que os trasmito, como si fuera mía
propia, y que sintetiza todo o casi todo el contenido de mis palabras ante esta
querida audiencia:
“En
agradecimiento y reconocimiento a la labor llevada a cabo por los que han
mantenido en pie y han mejorado las infraestructuras de este pueblo de
Monasterio de la Sierra, han restaurado su iglesia y su ermita, han mejorado
sus casas y han erigido nuevas en un ímprobo esfuerzo, físico y económico,
digno de resaltar y de tener presente ahora y en el futuro, demostrando así, de
esta manera tan palpable y fehaciente, el cariño por la tierra y el recuerdo
permanente de sus raíces, que no, por humildes, dejan de tener ese atractivo
innato en los corazones de los que comprenden, siempre han comprendido y
comprenderán que las dificultades vividas, si se han llevado con dignidad,
fortalecen y ennoblecen; y con un recuerdo muy especial, como no podía ser
menos, a todos los que encendieron la llama de esta ilusión, en momentos de
lógico abandono, y para todos los antepasados que la mantuvieron viva, a pesar
de las dificultades de todo orden, a través de los tiempos.”
Hemos de hacer que este testigo de esfuerzo y amor
porque nuestras raíces no queden relegadas al olvido, sea recogido por las
nuevas generaciones, en la confianza de que sabrán ser generosas. Con este
comportamiento venimos a demostrar que la búsqueda del bienestar económico y
una calidad de vida acorde con los tiempos, no nos ha llevado a anular de
nuestras vidas, por muy modesta que ésta fuera, la tradición familiar, sino que
hemos tratado de conservar sus valores con perseverancia, no exenta de
sacrificios, y con mucho amor.
Desde el plano del ayuntamiento al que accedí, junto
al resto de concejales aquí presentes, y colaboradores que nos acompañan:
secretaria, arquitecto y delineante, estamos en el empeño, no escatimando
esfuerzos, por conseguir los fondos necesarios que nos permitan ir mejorando
paulatinamente las, hasta ahora, escasas
infraestructuras de este nuestro querido pueblo de Monasterio de la
Sierra, y, además, seguir manteniendo la independencia administrativa, que, a
duras penas, hemos podido mantener, gracias a una buena dosis de orgullo y
honor, hasta el presente. Estamos seguros que con las grandes obras hidráulicas
que se han iniciado en, entre otras,
nuestra jurisdicción, tenemos
más razones para la esperanza. Más fondos y hasta un cierto atractivo
turístico. Procuraremos no quedarnos detrás del esfuerzo realizado por la
iniciativa de cada uno de los miembros de esta Comunidad, no digo este
municipio, porque en ésta están incluidos, no sólo los censados, sino todos los
que conservan y ostentan como bandera,
el amor por esta tierra.
Entre los abanderados relevantes, no tengo por menos
que citar al equipo de fútbol que exhibe y lleva con orgullo la camiseta que
representa a este pueblo en todas las competiciones deportivas. Un aplauso para
sus componentes y afición.
No me extiendo más. ¡Felices Fiestas a todos! Es
buen momento para rogar, recordar, compartir, cambiar impresiones, soñar y
divertirse… y que, una vez finalizadas,
de regreso a los quehaceres de cada día, llevemos marcados en nuestro corazón
el deseo y la promesa de volver lo más a menudo posible, pero siempre, como
mínimo, un año más (con más compañía), a reencontrarnos con nuestras raíces, y
todo lo que ellas representan en nuestras vidas.
Mientras tanto, que Dios las siga bendiciendo y
protegiendo a través de nuestros intercesores los Santos Mártires, Cosme y
Damián.
¡Vivan los Santos Mártires!
¡Viva el pueblo de Monasterio de la Sierra!